viernes, 14 de octubre de 2016

De las muñecas lloronas

Hoy es mi cumpleaños. Y aunque es una nimiedad, me gusta mucho; es un día especial. Me trae recuerdos entrañables de mi infancia, de cómo lo vivía entonces.

Uno de mis recuerdos favoritos es del año en el que me regalaron la muñeca del vestido azul. La mañana de mi cumpleaños siempre me despertaba muy temprano e iba corriendo al dormitorio de mis padres para despertarlos, ¡no se les fuera a olvidar! Ellos, todo paciencia y cariño, siempre tenían un regalo a mano; no sé bien de dónde lo sacaban, pero recuerdo que yo lo abría allí mismo, en su cama, con esa ilusión infantil tan pura, tan auténtica. El año que me regalaron la muñeca del vestido azul yo la saqué de su caja, emocionada, dispuesta a jugar con ella. Era una muñeca normal, tipo bebé de Nenuco, rubia, con vestido y chupete azules. Entonces, mi madre me dijo: "Quítale el chupete". Yo no sabía muy bien por qué, pero intuía que algo pasaría. La escena se desarrolla a finales de los años ochenta, cuando no había teléfonos móviles ni Internet y los niños jugábamos en la calle o con playmobils y dinosaurios de plástico. Con cuidado, le quité el chupete y, para mi sorpresa, ¡la muñeca empezó a llorar! Me quedé fascinada, sin decir nada. Mis padres se reían. Volví a ponerle el chupete y la muñeca calló. Entendí el mecanismo y le quité de nuevo el chupete. Entonces miré a mis padres y todavía muy sorprendida, dije: "¡una muñeca llorona!", mientras la muñeca berreaba con su voz mecánica.

Recuerdo los cumpleaños de mi infancia siempre repletos de cariño, con el regalo de la mañana en la cama de mis padres, los juegos con mis hermanos, los caramelos en el colegio y las celebraciones con los amigos. Además, era principio de curso y después del largo verano todos estábamos encantados de volver al cole y de vernos. Aún hoy, por muchos años que cumpla, el día de mi cumpleaños sigue teniendo ese sabor para mí.

Evidentemente, ahora lo vivo de otra manera. Y, sin embargo, conservo esa ilusión infantil al despertar, esa punzada de nervios y emoción en la tripa; la idea de que pasarán cosas estupendas ese día. Y con razón, pues los días siguen empezando con un bonito ritual: el mensaje de mi madre, bien temprano por la mañana, con sus palabras de cariño recordando la hora a la que nací, con los ojos bien abiertos, mirándolo todo. "¡Ya se veía lo curiosa que ibas a ser!", dice siempre. Solo ese mensaje ya convierte mi cumpleaños en algo tan especial. Las nuevas tecnologías han venido a imponerse sobre las viejas muñecas de llanto enlatado, pero el cariño, las emociones y las sonrisas no han cambiado un ápice con el paso de los años.


1 comentario:

  1. Allí estabas, en la cuna nido. Con los ojos abiertos mirándolo todo, sin chupe ni nada... ¡Eras mi niña! ¡Mi niña chiquitina! Y lo sigues siendo...

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