sábado, 1 de junio de 2019

De los despertares...

Con pelos de loca
y la sonrisa boba
me gusta despertarme

Con ojeras gozosas
y manos ansiosas
por tocarte
entre sábanas revueltas
con tu lengua entre mis piernas
aún borracha de tus besos
con resaca de tu cuerpo
con tu alma entre los labios
mi corazón, en tus manos

Me gusta despertarme
con el corazón lleno
y la mente rebelde
y todas las puertas cerradas
para que no te vayas
para que no me dejes

            💜

domingo, 19 de mayo de 2019

De las esencias


A veces te dicen algo que cambia por completo tu percepción de una cosa. Como que el comino huele a sobaco. Se produce una especie de efecto revelación que hace que, a partir de ese punto de inflexión, no puedas seguir viéndola como antes. Desde ese momento no puedes oler el comino sin percibir un desagradable olor a sudor rancio.
A él le pasó eso mismo. El comino seguía siendo la misma especia exótica que antes aderezara sus platos, dándole ese toque especial al hummus que tanto le gustaba. El comino no había cambiado, pero desde que le dijeron que olía a sobaco, no pudo volver a probarlo.

viernes, 10 de mayo de 2019

De las olas

Mi persona favorita vive encaramada
entre la roca y el cielo
como mis pensamientos,
cuando subo montañas.
Sus ojos guardan océanos en calma
y desatan tempestades cuando me miran
y huracanes en mi pelo
y en mi cuerpo,
cuando me toca
con sus manos.

Mi persona favorita es pequeña y delgada
como un pajarillo
y si lo piensas bien, tiene sentido
pues los de mi cabeza gustan volar a su lado a menudo.
Tiene las manos pequeñas y la nariz grande
y bonita,
y las tres conocen los recodos
donde se esconden mis cosquillas.

Mi persona favorita me llama María
y su voz suena dulce, como un poema
y sus silencios llenan la estancia como la luz de la luna
llena, una noche de verano.

Mi persona favorita es un caudal manso y profundo
yo, ráfagas dispersas
y cuando estamos juntos, la ola izquierda de Mundaka
parece una simple aficionada.

miércoles, 1 de mayo de 2019

De los incendios

Conozco una casa en la sierra que ardió desde los cimientos hasta treinta veces en un fin de semana. Y tras cada incendio volvió a alzarse aún más firme y hermosa si cabe.

Tal vez sea porque tiene vistas directas a un pantano y su mera contemplación apacigua el alma y templa el espíritu.

miércoles, 17 de abril de 2019

De las precauciones


«Ten cuidado, que te vas a volver a enamorar…»

¡Que tenga cuidado, dicen!

No saben que me asusta más la idea de pasar el resto de mi vida sin amar, que todos los posibles futuros desengaños que pueda llegar a sufrir.

Yo soy de las que viven. Intensamente. Soy de las que aman. Inevitablemente.


jueves, 14 de marzo de 2019

De los puntos y aparte


Digan lo que digan, no es fácil cambiar de párrafo. Empiezo siempre a escribir con muchas ganas, entregada. Dispuesta a todo, afronto la página en blanco con la cabeza llena de ideas, entusiasmada, pensando en las hermosas palabras que se irán desgranando de la pluma. Se diría que soy una fuente inagotable de creatividad. Una nueva historia por delante: ¡Ah! ¡Qué sensación tan maravillosa! Me tiene todo el día ocupada, con una sonrisa boba en la cara, los ojos brillantes y la mente bulliciosa, ella siempre un paso por delante. Y entonces, en un momento dado, las palabras ya no fluyen como antes. El motivo no es evidente, la historia parece que se me atraganta y yo, que soy de naturaleza optimista, decido dejar la mente y la pluma reposar. Sin embargo, ya ha empezado. Y poco a poco, cada vez que intento retomar la escritura, las ideas se retuercen y se entrelazan, confusas, opacas, y el estilo se complica, sin conseguir construir ese puente entre el papel y el lector ni transmitir todo lo que veo, siento, pienso, deseo, anhelo. Atrás quedó la ligereza inicial, las frases son ahora cada vez más complejas y lo que antes sonase fresco y sencillo se ha convertido en interminables subordinadas que derivan, a su vez, en sub-subordinadas que exasperan y confunden, en mis intentos desesperados por hacerme entender, por explicarme, cuando no consigo sino arañar la superficie del papel y solo me falta gritar, hasta dejarme prácticamente agotada, sin aliento. Y entonces, tras muchas noches sin dormir, recupero la lucidez. Mi mente se despeja; está clarísimo. Solo hace falta poner un punto y aparte.
Y abordar nuevas ideas.

miércoles, 13 de febrero de 2019

De las palabras


A medida que avanzamos en la edad adulta nos va costando cada vez más decir las cosas. Empieza con pequeños detalles que obedecen a las normas de convivencia de nuestra hipócrita sociedad. Mentiras piadosas que decimos y aceptamos para sobrevivir; decir siempre todo lo que a uno se le pasa por la cabeza no sería prudente ni necesario.

Sin embargo, esta manía nuestra de no decir las cosas se va extendiendo a otros ámbitos que van mucho más allá del verbalizar lo mucho que ha engordado últimamente fulanito o lo cansada (¿o triste?) que parece fulanita desde hace unos meses. Y así, poco a poco, dejamos de decir cosas importantes que afectan a nuestras relaciones, a nuestro estado de ánimo, a nuestra vida. Sobre todo cuando se trata de hablar de nuestros sentimientos. Ya sea por nuestras amistades o por nuestra pareja. Nos tragamos las palabras, nos engañamos pensando que ya no es necesario hablarlo o posponemos el momento de decirlas, tratando de encontrar la ocasión idónea. Hasta que se nos olvidan… y ahí es donde está la trampa, porque nunca se olvidan. Las palabras envenenadas sedimentan y se amontonan unas sobre otras, generando un pesado poso negro que cargamos en las entrañas como una losa; en muchas ocasiones, sin ser siquiera conscientes de ello. Y nos enfada y nos frustra. Nos irrita. Pero seguimos adelante pensando que el motivo es otro, para no afrontarlo; siempre, para no hablar. Es primavera, hace buen tiempo y las vacaciones de verano se encuentran a la vuelta de la esquina, ¿por qué no hablar mejor de eso?

Un día de estos voy a vomitar todo lo que llevo dentro y voy a seguir adelante, liviana y tranquila. Desintoxicada.